Poco más de un año después de ponerse en marcha, el Centro Internacional de Investigación sobre Materias Primas Críticas (ICCRAM en sus siglas en inglés) ha logrado un nuevo proyecto europeo. En esta ocasión, se trata de uno de los programas científicos más reconocidos, el Marie Curie, y tiene como objetivo el desarrollo de sensores diminutos con importantes aplicaciones que podrían permitir mejorar diagnósticos médicos.
El objeto de esta investigación, según explica el director del centro, Santiago Cuesta, pasa por crear un dispositivo a partir de los llamados materiales nano-piezoeléctricos, convertidos en «tecnología clave» en un amplio abanico posibilidades en la industria y también en la medicina. En este último campo su utilidad se centra en mejorar la imagen de pruebas que se realizan por ultrasonidos, como son las ecografías y en las que no es posible aplicar la radiografía: «Es especialmente relevante en el diagnóstico prenatal porque podría permitir realizar pruebas altamente eficientes para el diagnóstico temprano de malformaciones y otras patologías».
Estos sensores, que suponen el «corazón» de la tecnología de un ecógrafo, resultan más sensibles que los actuales, lo que permitirá «dar una imagen más precisa y nítida».
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